Mina de la Loba
restos Mina de la Loba
Tipologia industrial: 

Fuente Obejuna es considerada uno de los municipios más antiguos de Andalucía. Una de las primeras muestras de población en nuestro término, la encontramos en el yacimiento de “La Loba”, poblado romano fechado en el siglo I a.C., con viviendas de mineros (esclavos) y almacenes.

La mina de La Loba reviste un enorme interés para el conocimiento de la minería romana en esta comarca, dado  que su excavación, a cargo de un equipo hispano-francés dirigido por J. Mª. Blázquez y C. Domergue, pese a no haber sido todavía objeto de una publicación monográfica, ilustra perfectamente lo que debió ser la vida de una comunidad minera hispanorromana entre finales del siglo II y mediados del siglo I a.C.  

La mina comienza al parecer con una primera explotación calcolítica de un afloramiento cuprífero a cargo de los que habitaban en el poblado cercano de Los Castillejos. En época romana se pasarán a explotar tres filones de plomo argentífero, dos de ellos zanjas a cielo abierto, profundas y relativamente anchas, lo que facilitaría el trabajo, y el tercero subterráneo, excavado en el granito encajante y excavado casi en vertical hacia el interior del cerro formando una galería alta, pero muy estrecha en algunos tramos, que tal vez llegó a requerir el uso de mujeres y niños, tal como nos transmite Plinio. 

El acceso a la mina se realizaba por una escalera tallada en la roca, y la ventilación corría a cargo de tres grandes chimeneas, que al mismo tiempo servirían para extraer el mineral mediante un sistema de poleas. En otros casos, se sacaba a la superficie en capachos de esparto sujetos mediante una cinta que los mineros pasaban por la frente y cargados sobre la espalda. 

De manera similar a como se hace hoy, las galerías se irían entibando con madera según se avanzaba en ellas. Pero, aparte de los derrumbamientos, sin duda, peligrosos, frecuentes y mortales, una de las mayores dificultades para el trabajo en la mina hispanorromana fue el agua, y de hecho La Loba se tuvo que abandonar, aparentemente, por la inundación de su galería principal.

En algunas de las estancias se recuperaron gran cantidad de ánforas empleadas para el transporte de vino, aceite y garum (salazones) en ocasiones, de procedencia itálica, así como algunas cerámicas campanienses, mientras las cerámicas comunes son, por el contrario y curiosamente, muy escasas. Entre los materiales arqueológicos recuperados se relacionan, además, diversos fragmentos de vasos cerámicos de paredes finas, lucernas para la iluminación en las galerías -sujetas en la cabeza o dispuestas en hornacinas excavadas en las paredes al efecto-, barniz rojo tardío, varios martillos de minero, una placa con orificios para la trituración del mineral y diversas monedas ibéricas que nos remiten como fecha más tardía al siglo I a.C. Las cajas conteniendo todo este material se han conservado durante más de 20 años en la propia Escuela de Minas, nutriendo hoy en buena medida los fondos arqueoló¬gicos del Museo de Belmez. Estos restos nos indican la proverbial riqueza minera de la comarca.

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